Día 6: MI PRIMERA MAÑANA DE MI NUEVO PRIMER FIN DE SEMANA


 ZEN VENTANA AL AMANECER DE GREDOS

En una época de mínimos rigores y máximas prisas, heme yo aquí sentada en mis aposentos realmente compartidos con gentes de muy variopintos lugares, como manda la tradición pueblerina de tales lares.

No acabo de experimentar gracia o desdicha ninguna, más bien cierta incertidumbre tranquila, acompañada de sutil ironía, ante los sucesos que envía la vida. No sabiendo por qué o motivo exacto de intenciones las mías al transitar por devenires tales y lugares no tan lejanos, pero tampoco cercanos, llegué por azar o fortuna a Madrid que es capital española y lugar de suertudos y cafres, de hermitaños urbanitas y sorpresas infinitas.

Sí, aquí en Madrid por vez segunda o más bien tercera, se repiten los acontecimientos y se precipitan los nuevos.

Son las once de la mañana de un siete de julio caluroso, y una luz,  no infinita pero si de luminosidad cuantiosa, se cuela con evidente descaro por el gran ventanal  que enfrento.

Sentada desde mi silla decimonónica de un verde turbio y manchado, rodeada de un mobiliario escaso y ecléctico, típico de los pisos compartidos de época tal como la mía, que son propiedad de arrendatarios herederos de un habitáculo a compartir entre cuatro hermanos, y que arriendan a modo de apoyo económico para sortear los cuantiosos gastos de un mes apretado y ahogado por pagos y facturas y una vida de consumo mucho más que considerable que no pasa desapercibido para nadie,escucho de fondo el silencio de una mañana de sábado que ahora es intercalado por unas notas rítmicas latinas que avanzan hacia mi témpano desde la lejanía de algún piso de cualquier vecino de al lado.

Lejos de desagradarme, entretienen a mi oído, en una medida muy justa y comedida, pues no rompen el clima de tranquilidad, ni el silencio, ni la paz, y a la vez, equilibran nutriendo con moderada  alegría y dinamismo rítmico incipiente a este despertar matinal  mío.

Como la paz que me embarga, aun mi alma no la quiere romper, decido mantenerme en silencio y huir del movimiento brusco y de las prisas concertadas  y las oblligaciones varias de ésta vida cotidiana. Me decanto pues, por la contemplación silenciosa de mi nueva realidad de habitabilidad urbana,y decido teclear estas letras a modo de crónica de ésta mañana calmada de mi primer nuevo fin de semana en Madrid, capital de España.

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