Día 14 y 15: JUGAR AL ESCONDITE CON DIOS


oscuridadAquí estoy jugando a que Dios me encuentre en mitad de la oscuridad. Y digo jugar a que Dios me encuentre, porque si jugamos los dos al escondite, Dios que es Omnisapiente y Omnipresente tiene más posibilidades de ganar que yo. Al fin y al cabo, Él lo ve todo y yo en la oscuridad por más que quiera como que me pierdo un poco. Así que después de algunos golpes de intensidad cuanto menos fastidiosa, al andar torpemente y a tientas entre la densidad del espacio infinito de una sala a oscuras me di cuenta, por fin, que si yo intentaba buscar a Dios podría tardar sutilmente más tiempo, por no decir una eternidad. Por lo que en un atisbo de iluminación celestial se me ocurrió la feliz idea de invertir las premisas del rompecabezas y pedirle a Dios que Él me encontrase a mí mejor. Por supuesto, bajo condición sinecuanon de que yo lo creyese posible y ciegamente confiase en que esta posibilidad será un hecho real en el momento adecuado.

De modo, que la diversión sigue asegurada en estos 62 días.

¡Ahora, tengo varios retos simultáneos de diversión creciente mientras juego al escondite con Dios!

Primero, ser estratégica conmigo misma para permitir mis procesos fluir y asentarse lo mejor y sólidamente posible.

Segundo, gracias a la autoestrategia interna, producir y avanzar en mi proceso de aprendizaje,  consolidándolo y haciéndolo crecer exponencialmente para que pueda alcanzar la excelencia personal y belleza en mis creaciones.

Tercero, ser triplemente extratégica y muy creativa para poder ganarme la vida de este modo y conseguir conectar mi proyecto con empresas y patrocinadores que crean en él y puedan ayudar a que tome la mejor forma y aporte utilidad social y personal, a la vez que genera ingresos.

¡¡Hay que ver la de estrategias de que tenemos que echar mano en nuestra vida!! ¡Pues nada a ser más creativos aún!

Y así, continúo jugando con Dios, a confiar en Él cuando mis ojos están envueltos por oscuridad y no ven dos palmos más allá.

Y entre confiar y tener Fe, pues yo hago la parte que me corresponde, dándome cierta cuenta de lo bien que sé esconderme aun sin proponérmelo, o lo bien que Dios finge que no me ve y me deja seguir experimentando a ciegas. Quizás porque si me deja aprender a andar sin luz cuando transite por un espacio de cuantiosa luminosidad no solo seré capaz de andar sino que podré flotar por todo este espacio inundado por una claridad creciente de los rayos del sol, haciendo maravillas sorprendentes con mis pies, que un día se vieron torpes y aun así andaron, y en ese momento, fortalecidos y entrenados serán capaces de obrar milagros.

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