DÍA 22: SUSTITUYENDO Y CREANDO HÁBITOS


Rubick habitos

Hoy lunes, sin tres días de clase, me ha sido mucho más fácil que las semanas restantes levantarme de mi mesa de dibujo, cambiarme de atuendo, bajar los dos tramos de escalera de mi piso, caminar las dos manzanas que lo separan de la academia y asistir a mi clase de ballet.

Lo más curioso, por no decir gracioso y hasta absurdo, es que lo que me cuesta no es estar en una clase con bailarines mucho más experimentados que yo y aprender unas secuencias, posturas, equilibrios, colocaciones y variaciones complejas que nunca he tenido la oportunidad de aprender poco a poco antes y de forma sencilla, ni mis torpezas lógicas del proceso de aprendizaje, ni el cansancio(que no me canso demasiado), sino la sensación interior que se apodera de mí (cada vez con menos intensidad) y ejerce una fuerza de rechazo ante la idea de dirigir mis pasos hacia la academia para tomar mi clase de ballet que tanto deseo y luego disfruto.

El aprendizaje que extraigo al escuchar ,o mejor dicho al hacer caso omiso a este peculiar sentimiento contradictorio y fuera de lugar, es como el cerebro ha creado EL HÁBITO en mí de producir esta sensación inversamente proporcional a mi deseo y pasión de bailar ballet, que aprendió en mi infancia cuando asistí a clases de baile con profesores poco inteligentes y algo despectivos con los alumnos, y aún hoy, muchos años después,  lo reproduce cuando ya no existe el mismo problema.

No quería escribir mucho en este post, pero soy incorregible me temo, y ahora que he mencionado la palabra HÁBITO, no puedo evitar hacer referencia a un libro fascinante que estoy leyendo (uno de los diez que suelo leer simultáneamente…de nuevo soy incorregible, sí): “El  Poder de los Hábitos” de Charles Duhigg.

001000246b 61uEQw2W-TL._SL1500_

Charles duhigg, periodista  reputado del New York Times, nos explica en  esta obra divulgativa que el cerbro, el mío y el tuyo, funciona mediante ciertos mecanismos psicológicos y neurológicos, que si conociéramos mejor, podríamos entender  también mejor  (al menos una parte, porque el ser humano tiene más componentes esenciales a parte del cerebro) el  por qué actuamos como lo hacemos y como podemos cambiar más eficazmente lo que queremos cambiar de nuestras rutinas, actos y emociones.  Resulta, según Charles y muchos investigadores, que el cerebro cuando esta enfrentándose ante una situación nueva que no conoce hace un gasto de energía muy superior al que consume en situaciones conocidas.  Entonces, como no es tonto, decide optimizar su rendimiento y consumo energético y para ello usa una estrategia muy útil: crea nada más ni nada menos que UN HÁBITO. Esto quiere decir que cada vez que reconozca las características de esa nueva actividad o situación, ya repetida en diversas ocasiones,  reaccionará instintivamente de la misma forma sin pararse a pensar si esa forma de actuar es la mejor.

En el libro podréis encontrar mil explicaciones super interesantes a nivel personal y empresarial, sobre como afectan los hábitos a nuestras vidas e instituciones y sociedades.

Pero, yo solo mencionaré brevemente el mecanismo mediante el cuál nuestro cerebro crea un hábito, que es el siguiente:

SEÑAL-RUTINA-RECOMPENSA…..Y VUELTA A EMPEZAR CON EL HÁBITO.images (27)

El libro lo explica así: “Este proceso de nuestro cerebro es un bucle de tres pasos. Primero está la señal, el detonante que informa a nuestro cerebro que puede poner en marcha el piloto automático y el hábito que ha de usar. Luego está la rutina, que puede ser física, mental o emocional. Por último está  la recompensa, que ayuda a nuestro cerebro a decidir si vale la pena recordar en el futuro este bucle en particular: señal-rutina-recompensa-señal…hasta que al final se crea un hábito”.

Es decir, en mi ejemplo del baile, LA SEÑAL es que lleguen las 6 de la tarde cuando tengo quince minutos para coger todo y salir de casa. Entonces, mi cerebro ejecuta LA RUTINA que en este caso es emocional: sentirme mal ante la idea de la clase. LA RECOMPENSA, en este caso no la hay, pero la recompensa teórica sería evitar una aparente amenaza para mi cerbro salvaguardando lo que él considera erróneamente mi seguridad personal y bienestar.

¿Cómo se cambia entonces este hábito? No puedo anular un hábito según Charles, pero si puedo sustituirlo por otro hábito. En mi caso concreto, enseñando al cerebro que ante la señal de que ya son las seis de la tarde, crea una nueva rutina ir a clase y esa rutina mediante la repetición la acabará asociando a una recompensa nueva, la sensación nueva de bienestar que me producen las clases de ballet.

¿Cuál es el reto entonces? Aguantar el sentimiento antiguo de malestar que mi cerebro va a producir durante un tiempo mientras aprende la nueva sensación de bienestar y asienta el nuevo hábito. Es un poquito fastidioso pero merece la pena el esfuerzo. Y cuantas más veces repita esta nueva rutina, es decir cuantas más clases tome seguidas antes se consolidará el nuevo hábito. He aquí la cuasa de que los lunes sean más difíciles porque he pasado varios día sin repetir la rutina y mi cerebro se olvida de la nueva sensación.

circulo-o-espiral

¡PERO GRACIAS A DIOS MI NUEVO HÁBITO VA TOMANDO SU LUGAR EN LA ESCENA!

Espero sea útil para aplicarlo en nuestras rutinas y aspiraciones personales.

Anuncios